De vez en cuando me encuentro pensando en conceptos comunes pero poco usados. Uno de ellos es la llamada “disposición”. Curiosamente el diccionario de significados y la etimología de la palabra explican muy bien su origen y también el hecho de que es algo innato de la persona. No contemplan muy bien el concepto con un atributo que no existe pero que puede ser adquirido. En otras palabras, la disposición, si no se la tiene, se la puede adquirir. O sea es un atributo o cualidad que puede ser “cultivada” y que tiene la posibilidad de transformar las respuestas que damos en frente de acontecimientos y en general en frente a la llamada realidad que nos toca vivir diariamente.
Esta disposición es una especie de frecuencia en que me puedo poner frente a situaciones. Especialmente en situaciones difíciles y me permite dar respuestas distintas a las habituales porque he podido detener las respuestas compulsivas y me encuentro con esta disposición interna a comprender, a ver más allá de lo que acostumbro a ver.
En el libro “El mensaje de Silo”, en el capítulo 2, llamado “Disposición para comprender” se explican algunas cosas respecto a este tema y uno de los puntos que más me ha ayudado a profundizar esta disposición, es el número 3 que propone lo siguiente: “3. Si me preguntas cuál es la actitud que conviene, te diré que es la de meditar en profundidad y sin apuro lo que te explico aquí.”
Sobre el meditar, al menos para mí, poco tiene que ver con cerrar los ojos o tomar una postura corporal especial o ubicarme en un lugar físico especial. Meditar para mi, es reflexionar en el momento y después de el momento. Es una actitud reflexiva, una forma de interrogarme acerca de lo que percibo, siento, hago o pienso. Considero en la meditación los objetos externos y mis respuestas internas. Me intereso en ambas porque no podría ser de otro modo. A veces esta actitud reflexiva o meditativa me lleva a estudiar más a fondo lo que creo o quiero saber. El estudio me lleva a reflexionar nuevamente y así voy profundizando al alternar estudio y reflexión. Todo este quehacer interno me ayuda a crear una actitud, una disposición necesaria que normalmente no la tengo y he descubierto que la puedo ir teniendo en la medida que repito muchas veces ese proceso. A eso lo llamo “cultivar” la disposición.
Sobre el meditar sin apuro, solo puedo decir que es un esfuerzo que necesito hacer siempre. Es un esfuerzo por no buscar resultados, es un esfuerzo por no distraerme y es un esfuerzo por acallar los ruidos internos. Nuevamente encuentro que se transforma en una actitud de soltar las expectativas, de acallar compulsiones, desarrollar la paciencia, etc. y que también se puede ir cultivando.
Esta disposición que puedo ir generando me ayuda mucho a mantener una especie de gusto e interés por todo lo que se va apareciendo en mi vida y es algo que lo siento como novedoso y también muy útil en mis relaciones y en el esfuerzo de comprenderme más a mi mismo y al mundo en que me toca vivir.
Abril 2026
Arte de Rafael Edwards